ENTORNO HISTÓRICO.

Nuestra Real Cofradía se remonta al año 1860, época de esplendor de las cofradías del siglo XIX. Tiempo repleto de avatares tanto políticos como religiosos, en los que era frecuente que por antigua herencia de siglos pasados, se agruparan grupos de fieles y procesionaran, muchas veces, con más desorden que devoción. En aquellos momentos nadie hubiera presagiado que aquellos jóvenes que procesionaban hubieran apostado con tanta seriedad y certeza al combatir tantas adversidades que en pocos años podrían suceder.

Este era el caso de nuestra cofradía, puesto que un grupo de fieles se organizaron con la idea de procesionar con una imagen de la “Virgen dolorosa”, así como un estandarte o, tal como se denominaba, una “Vexil.la”. Nuestra cofradía supero la época de la primera república, en la que desaparecieron la mayoría de cofradías o hermandades, que desfilaban por los alrededores de la Capilla, de la Anunciación, y de la Plaza de la Misericordia, como acompañamiento del Cristo de la Sangre. Llegada la Restauración Borbónica, en el año 1875, nuestra ciudad de Palma contempló un nuevo resurgir de cofradías hasta tal punto que, dada la formalidad y seriedad de tal conmemoración, en el año 1900, se instituyó un Registro de Cofradías en el Obispado de Mallorca donde se inscribió la Cofradía de la Cruz de Calatrava y posteriormente la de la Virgen Dolorosa. Tras ellas, surgió con ilusión la creación de muchas cofradías tanto en Palma como en el resto de Mallorca y en todas las localidades de España. Paralelamente, surgirían agrupaciones católicas de los más diversos tipos, Círculos Obreros Católicos, Escuelas Pías, etc.

Pero a pesar del momento, en principio poco dado al aspecto religioso, este apogeo no se apagaría en los años 30. Reaparece la Segunda República, las organizaciones religiosas son perseguidas y azoradas por los movimientos políticos y sociales. Sin embargo el movimiento penitencial fue en auge y no menguó durante la Guerra Civil, época de infortunios por el sentir social y religioso, en contraposición a las ideas anti religiosas y laicista del Estado Central.

Tras la Contienda Nacional, en el nuevo Régimen de Franco, la Iglesia y las organizaciones estatales, Falange Española, la O.J.E., Patronatos Obreros y Sindicatos de Estudiantes, apoyaron el movimiento de las cofradías mediante fundaciones de nuevas hermandades, apareciendo la impronta militar, siendo frecuente ver desfilar con las cofradías a miembros militares, tanto portando los pasos como desfilando con las cofradías (Escuadras de Gastadores, Marinos, Legionarios, etc.).

Merece destacar la circunstancia que como consecuencia de la restricción y vigilancia del derecho de reunión, se debía solicitar un permiso especial para poder desfilar, de la manera tradicional, con la cara tapada.

Con la llegada de la Monarquía y constitución del 78, así como del Estado Democrático y tras el declive de las cofradías, debido, entre otras, a la nueva situación social y la visión como un arcaicismo de los desfiles profesionales, se produjo en los años 80 un nuevo apogeo del movimiento penitencial de Semana Santa, como sentir religioso, así como el auge de nuevas organizaciones religiosas, como sentir de manifestaciones populares del espíritu cristiano. Unida a la bonanza económica, se realizaron nuevos pasos y hermandades, se restauraron esculturas antiguas, y todo ello abrió un camino a la época floreciente de la Semana Santa a lo largo de la geografía española, donde en todas las ciudades y hasta la más pequeña localidad, se vive hoy la manifestación religiosa de la Semana Santa.